el me gusta y la identidad

Más allá del motivo, de lo resultante y de todo lo que conlleve un día de votación siempre ayuda a revalorizar la importancia que tiene en lo social e individual ejercer un derecho a decidir. Derecho, que más que cívico y más que derecho tiene que ver con la formación de nuestra identidad, del desarrollo y crecimiento.

Digo más que cívico porque  lo entiendo no como un deber, como una acción demandada por la patria sino como un hacer, como un creer. Mucho más orientada al propio crecimiento que al de las instituciones.

Digo más que un derecho porque no creo que el poder elegir se remita sólo a una participación política. Tal vez una linda idea sea pensar que más que un derecho a exigir es una práctica a disfrutar.  

Con el advenimiento de las redes sociales y los perfiles en línea es increíble como las personas participan de espacios de decisión de manera recurrente, menos formal  y muy lejana de las exigencias de un sistema político.

Los gustos, las actividades que realizamos, aquello que cliqueamos, aquello que reproducimos, los debates de los que participamos, los blogs en los que estamos suscriptos lo que leemos, lo que posteamos y comentamos  son de algún modo decisiones que alimentan a nuestras comunidades y nos definen en ellas.

La razón de ser de este post puede no presentarse clara, e intentaré exponerla. Mientras las escuelas, los medios y muchas familias dedican tiempo (poco o mucho) para el debate político. Menos que poco, en mi opinión, destinan a pensar los momentos de decisión como algo cotidiano y de alta importancia en el camino personal de desarrollo, madurez y la construcción de la felicidad.

Que el 90% de los contenidos en las plataformas sociales sean reposts, que las empresas ofrezcan premios a cambio de un me gusta y que las personas los entreguen como si ningún valor tuvieran para ellas, son parte de esta realidad.

Un día de elecciones puede servir para iniciar este debate en mi espacio digital para ideas. Un día de elecciones tal vez despierte interés, no sólo político sino también personal y espiritual. En un día de elecciones podemos comenzar a conversarlo.

Si se está de acuerdo en que estas decisiones construyen nuestra identidad, la invitación es a revisar nuestro propio compartimiento en las redes sociales. Volverlo pensado y alinearlo con aquellas ideas que defendemos y en las que creemos. La invitación también se extiende a no olvidar nuestra responsabilidad sobre aquellos cuyo crecimiento y desarrollo nos incumbe: porque tal vez más triste que un niño sin identidad, sea leer su muro en alguna red social.

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