Necesitamos infraestructura conversacional.

Cuando imaginamos el futuro de la web 2.0, las oportunidades del socialmedia y las nuevas  plataformas como  wikis, blogs,  foros, entre otras, suelen venir a la mente ideas muy interesantes en donde grupos de personas construyen conocimiento y lo comparten.

Sin embargo cuando toca bajar esas ideas a la práctica  se encuentran varios obstáculos que dificultan este tipo de implementaciones.  Uno de estos tiene que ver con la dificultad que implica el  desarrollo de las capacidades discursivas necesarias por partes de quienes participan. Es claro que si los involucrados no tienen interés o no cuentan con ciertas habilidades necesarias para una comunicación rica y constructiva, tanto su desempeño como el resultado final del ejercicio, será pobre.  

Pero incluso en un escenario donde esta situación se presente resuelta, surge otra que me interesa hoy resaltar. Se trata del poco desarrollo, no de lo concerniente a los individuos participantes, sino más bien de los sistemas sobre los cuales el dialogo se construye. En otras palabras, haremos poco si sólo se cuenta con personas dispuestas a comunicar pero sin un ecosistema en donde el dialogo no sea un producto resultante sino su esencia misma.

El punto es que aunque contemos con las plataformas tecnológicas, las personas capacitadas y la voluntad política  de implementar la dinámica. Si la estructura de funcionamiento de la organización no es adaptada, se vuelve un condicionante, un verdadero obstáculo a la conversación.

Terminan siendo cuestiones cómo los métodos  habituales de trabajo, las normas en el manejo de los datos, las políticas de resguardo de información, el organigrama jerárquico, factores culturales, los programas creados sin tener en cuenta la participación colectiva, entre otras, las que limitan el flujo dinámico de conversación.

Es interesante observar  que las organizaciones o grupos de personas que centran en la comunicación su funcionar no resultan por ello compatibles con la idea de conversación y deben someterse a revisiones. Un sacerdote, un maestro, un militante político, un periodista, un gerente, un músico, un director de cine. Son ejemplos de roles creados en base a una comunicación lineal, pensada por pocos, consumida por muchos y definitivamente no conversacional.

En mi experiencia personal trabajando con los equipos de Modelos Digitales, resolver la ecuación en entornos emprendedores y reducidos es más que posible. Pero la revisión que antes proponía, se convierte en un gran reto para muchas instituciones de antaño que no pueden conversar por sus propias estructuras.

El político no podrá usar más cortos de apenas 30 segundos, repetitivos y algo engañosos para llegar a sus seguidores. El maestro debe dejar de enseñar (in signare) y centrarse  en ayudar a aprender. Un director no será quien decida la última escena y el periodista deberá reconsiderar su función.

Soy consciente que tal vez los ejemplos no alcancen a representar la magnitud de los cambios que imagino si es que queremos llevar nuestras instituciones hacia la conversación. Pero debe quedarnos claro que el camino hacia la tecnología no supone crear un blog como tarea o defender “la hora de computación semanal” de un colegio. Tampoco se estará realizando mucho si pedimos que una cierta comunicación se realice utilizando medios digitales en lugar de los tradicionales. Dejar de transmitir y enfocarnos en crear podría ser una linda idea.

La reforma debe ser profunda y debe marcar la evolución entre el viejo esquema de comunicación emisor-receptor y  la propuesta de conversación colectiva. La reconsideración  debe alcanzar a  todos los roles, las metodologías y las normas. Supone una reingeniería de todos los procesos.

Para ello las organizaciones e instituciones deben someterse a una reforma. Restarle importancia de las jerarquías, pensar más en comunidades, no preocuparse tanto por el resguardo de la información y encaminarse a la construcción de una infraestructura conversacional que se oriente hacia un nuevo conocimiento; colectivo y dinámico. 

 

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