El rol de los que imaginan

La ciencia ficción siempre me ha generado un interés, una atracción, una seducción más intensa que cualquier otro tipo de género narrativo. Y es que en ella encuentro algo que considero es parte de la esencia del camino que he elegido para crecer y construir mi felicidad: la imaginación. 

Mientras mi maestra del primario me indicaba deberes como por ejemplo escribir la tabla del cinco (en ascendente y descendente) y mis padres se aseguraban que lo hiciera. En mi cabeza había cosas más importantes que esos números. En aquellos años yo estaba comprendiendo que el tiempo podía resolverse con un dispositivo llamado condensador de flujo y que tenía forma de Y. Que los dinosaurios podrían renacer si clonábamos  el ADN encontrado en mosquitos prehistóricos.  Que las computadoras podrían iniciar una guerra. Que hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana una República se convertía en un Imperio.

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Amaba escribir cuentos, pensar en extraterrestres, en mundos distintos. El Sr spock me enseño mucho. Sara Connor me enseño mucho. El Principito me sacó todas las dudas. Fui de los que se enamoraron de la muchacha del Dauphine en aquella Autopista del Sur. De los que conocieron los laboratorios de Black Messa. De los que encontraron un mecanismo, solos y en la oscuridad.

Pero tener esas experiencias no resulta sencillo en el mundo de hoy. Por suerte, para un niño cada vez existen más posibilidades para que su imaginación se despierte. Juegos digitales, libros pensados para estimular, contenidos audiovisuales, etc.  Pero para los adultos la cosa no es tan sencilla. Es difícil encontrar ejemplos en donde la imaginación se promueva y se permita en espacios laborales, profesionales y familiares.
Es poca la imaginación que se le acepta  a por ejemplo un universitario en su examen multiple choice o en un oral con preguntas de libro. Poco de imaginación contemplan las jerarquías y organigramas corporativos, y a veces poco de imaginación tenemos como grandes para sentarnos a conversar con un niño, en casa y al regreso del trabajo. 

La imaginación es diferente del sueño ya que este es un proceso meramente fisiológico. Luego de haber aprendido acerca de ellos en “La  interpretación de los sueños” de la mano de Sigmund Freud, entiendo que sólo representan imágenes y vivencias fundadas en lo que ya hemos experimentado. Si bien muchos relatos oníricos alcanzan niveles altos de espectacularidad y  nos llevan a lugares extraños, según se explica en el libro estos son creados siempre en base a ideas preconcebidas.  La imaginación, en cambio,  es un proceso cognitivo que hay que desarrollar  y que por ende ofrece resultados distintos al de soñar. Con la imaginación se pueden crear entornos con lógica muy distintas a lo ya conocido. 

Pero hay algo que me resulta interesante compartir. Y es que pienso que imaginar también es una herramienta que sirve para el cambio social. En otras palabras, no sirve sólo para la visualización sino también para  la construcción de nuevas realidades. 
El fin de semana tuve el agrado de conocer personalmente a Roberto Uanini, quien me invitó junto a otros amigos a compartir un asado en Punta del Este. Y en una interesante conversación nos comentó sobre los “puntos medios”. Ideas en las que la sociedad cree y que se vuelven verdades justamente por eso social o colectivo que le da sustento. Roberto nos explicó que, según su experiencia, en una negociación lo importante es llegar a ese punto medio que significará la verdad para las partes que participan.

Considerando los puntos medios, quienes disfrutamos inmensamente de imaginar, tenemos un rol súper importante en la sociedad. Porque en este esquema, la imaginación se presenta como un “reto” al punto medio que hará que este sea revisado y tal vez modificado. Esto de ninguna manera supone que la idea vigente sea reemplazada por la imaginada y tampoco supone que quien imagine deba crear su visión considerando que ello ocurra. La imaginación así, no es el reemplazo de la realidad, sino un instrumento necesario para construirla.

En cierto modo, los puntos medios son lo que Marx llamó la Síntesis que resulta de la relación dialéctica entre Tésis y Antítesis. Pero en el caso de Marx, según entiendo y es mi interpretación personal, la antítesis busca reemplazar la tésis. En otras palabras la construcción de una antítesis supone considerar la posibilidad de que se convierta en verdad y se construya realidad a su semejanza. Imaginar y la idea de los puntos medios es un esquema más libre. Más dinámico. Quien imagina, presenta su visión como eso, una imaginación y no como una alternativa necesaria y viable en el presente.

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Y ese es el rol que elijo para crecer. Ser quien imagine. Y es el rol que pretendo se me acepte y se me considere. Quiero ser quien aporte esas pseudo antítesis y ayude a desplazar de un lado al otro los puntos medios que maneje la sociedad. Me resulta divertido y me da felicidad hacerlo. En este camino he encontrado amigos, novias, jefes, compañeros de trabajo y conocidos que se han sumado, o que aprendieron a disfrutar de mi rol tomando  otro distinto. 

No todos gustarán de imaginar y hay personas muy racionales que preferirán realizar sus aportes desde otros espacios y posiciones. Yo intentaré crecer con altas dosis de flasheadas. Y seguramente de eso se teñirán mis proyectos futuros, mis conversaciones, mis aportes, mis ideas y el amor que comparta.

 

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