El shareability y los proyectos colaborativos

Cada vez es más clara la necesidad de compartir proyectos entre diversas personas, de abordarlos en equipos, de enfocarlos desde múltiples perspectivas y trabajarlos en locaciones y tiempos distantes y dispares. 

Existe una larga lista de  herramientas digitales, muchas de ellas en versiones betas o iniciales, que favorecen el trabajo colaborativo. Google docs  es tal vez la más reconocida en este ámbito que permite trabajar en tiempo real en hojas de cálculo, documentos de textos, armar presentación, etc.

Vivo tan de cerca este tipo de proyectos, que siento que el comentario popular de dice  “trabajo en un proyecto personal” deja de aplicar. Porque cada vez más allí adentro hay empresas, conocidos profesionales, amigos y hasta tal vez desconocidos. Y es que creo que a futuro, los proyectos serán integrados por una variedad ilimitada de personas que sumarán sus aportes en  entornos mucho más abiertos de los que hoy conocemos y que definitivamente harán que los proyectos dejen de ser personales y pasen a ser marcadamente colectivos.

Un concepto que evoluciona esta condición de colaborativo es el de shareability. Es decir, el potencial de un proyecto o idea de ser compartido. Ocurre que, si bien es cierto que al día de hoy se cuenta con tecnología para el trabajo colectivo  y muchos equipos de trabajo son interdiciplinarios, existe esta  condición que podríamos pensar más aplicable al mundo de los conceptos que al  de las personas.

Cuán compartible es una idea supone medir por un lado su capacidad para ser interpretada y comprendida por otras personas. Y por el otro su formato para ser colocado sobre las plataformas sociales y de información.  No es un desafío puramente tecnológico ni de inteligencias personales, sino conceptual.

Según mi opinión personal, partimos de una realidad algo  alejada de esta que propongo, aquí hay tres ideas que comparto y que entiendo son algunas de las características que deberían tener los proyectos que busquen un alto nivel de shareability: ser colectivos, simples y compartibles.

En muchos casos los proyectos suelen ser  comprendidos sólo por aquellas personas que  los integran siendo casi inteligibles para el resto. Es extraño encontrar equipos que al trabajar piensen  en las posibilidades  de interpretación y aportes de terceros. De hecho, muchos informes  son guardados en archivos bajo seguridad y acceso restringido  previniendo que esto ocurra. El shareability supone construir un conocimiento menos egocéntrico y más comunitario y colectivo. Tantas bibliotecas universitarias llenas de trabajos e informes, valorados con altas notas, a los que nunca nadie accederá, deberían darnos pena y esas notas deberían ser revisadas.

Otro aspecto clave es el de la simpleza. Durante mucho tiempo grandes ideas han requerido de extensos y complejos libros para ser transmitidas y explicadas. Los proyectos del futuro deberán resumirse en twitts,  en videos de pocos minutos compartidos en youtube y en un par de artículos de blogs.

Finalmente se necesitan crear proyectos shareables. Cuando tengo la oportunidad de conversar una idea en un aula, o con un grupo de personas, siempre me planteo cuan poco compartible resulta la experiencia. Sólo los presentes pueden participar y enriquecer las ideas, cuanto mucho se ofrece esa presentación, muchas veces en power point,  que poco dice acerca de lo creado en el momento y eso es, según este enfoque, muy  pobre y hasta injusto. Injusto para aquellas personas que por cuestiones físicas no pudieron hacerse presentes e injusto para el proyecto que no contó con sus aportes.  Me ocurre en mi vida personal que la lectura de un libro, algo que siempre fue privado y en soledad, hoy lo realizó con mi twitter conectado y comparto al mundo las ideas que surgen  de cada párrafo. Aplicar esto a los ambientes de trabajo resulta todo un desafío.   

¿Cuán twitteable es nuestra idea? ¿Cuán accesible es nuestro modelo de negocios? ¿Cuántos libros necesitamos escribir para lograr explicar nuestro concepto?

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El shareability exige que además de producir valor para su  consumo, se produzca para su transmisión. Tal vez el concepto pensado para las redes sociales de @jjoretamal que define al prosumidor como un proTRANsumidor pueda aplicarse a esta idea. Y es que, serán esas personas “transmisoras de valor” las que completen y enriquezcan los procesos de producción y consumo que necesitaremos mañana.  


 

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