El dependability y la creación de valor

Me resulta asombroso, cuando se tiene la posibilidad de revisar el pasado de los equipos de trabajo, de las instituciones o de alguna agrupación,  la cantidad de proyectos truncos. Que funcionaron más o menos bien en el pasado pero que, debido a la más alta variedad de motivos, hoy ya no existen.

 

Lo que me sorprende no es en sí la cantidad de proyectos estancos, sino la falta de reclamo por parte de otros. En otras palabras, que la muerte de un proyecto no afecte de manera directa a otros, supone una realidad en donde cada uno de ellos trabaja por separado. Es cierto, existe un contexto pero la esencia de la mayoría de los programas y proyectos actuales parece concentrarse en intentar ser auto-sustentables, fuertes, en realidad creo que la mejor palabra es: independientes.

Históricamente la independencia de las cosas les ha conferido poder. Los países se independizan, las personas se independizan, las carreras forman facultades y los estados provinciales luchan por su autonomía. He notado que la sociedad valora y apoya esta tendencia. Se lo asocia con la madurez, el crecimiento, la construcción de seguridad y futuro. Me resulta imposible de estar de acuerdo.
 

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Ocurre que este enfoque está generando (y es mi humilde opinión) esquemas de laboro pesados, gordos, aburridos y cuyas propuestas de valor resultan pobres en comparación con lo que el mundo demanda y necesita.

Pesados y aburridos porque un proyecto de estas características debe inventar su propia rueda. Hace que las mentes de las personas se pongan a disposición de tareas ya conocidas para resolver y construir aquello que ya existe. ¿El fin? No tomar prestado, no deberle a nada y a nadie y así lograr una cierta auto-sustentabilidad.

Con propuestas de valor pobres, podríamos pensar que todo aquello que de manera independiente se podía construir, ya fue construido. No hay mucho por agregar desde un esquema de trabajo dividido. Es claro que los desafíos de los próximos años demandarán un cambio de paradigma.

Y es que el mundo necesita otro tipo de valor, uno que surja de unir mentes y esfuerzos, no de separarlos. El conocimiento colectivo debe quitarle prioridades a las individualidades y las universidades dejar de seducirse por autores y libros. Debemos pasar de lo grupal a lo colectivo. De lo individual a lo cooperativo.

Pasará cada vez más seguido que la propuesta de valor de nuestros proyectos necesitará de otros para construirse. No se trata de alianzas o de partners. Proyectos externos estarán en el corazón de la creación de valor, influyendo directamente en el output entregable. Esa capacidad de construir valor dependiendo de otros es el “dependability”.

En la económia digital es más sencillo de observar y tal vez de llevar a la práctica. Con más frecuencia las apis y algoritmos, que conectan diversas plataformas y cruzan datos, crearán oferta, en lo más amplio del término, impensadas e imposibles bajo otros regímenes.  

 

En la actualidad trabajo en un proyecto llamado BeSignal que funciona apoyado en otras plataformas sin las cuales no podría si quiera pensarse.

El desafío no es menor ya que no tiene que ver sólo con modificar métodos de trabajo o interrelacionar proyectos. Es un cambio a nivel de esencia. Desarrollar dependability debe comenzar por dejar de desarrollar autonomías y de referenciar individualidades. Para luego  aprender a construir un valor distinto, mucho más social, colectivo y panetario.

Un producto creado sin escuchar a clientes, sin co-creación. Una inversión que busque sólo el rédito de quien la hace. Una medida política que aisle. Un libro impreso con copyrigth. El titulo de una carrera de grado actual.  Un logro personal individual. Son achievements que se enfrentarán a esquemas opuestos y a la larga quedarán obsoletos, es decir, dejarán de ofrecer valor.

Los desafíos del mañado no necesitan estructuras fuertes, pesadas e independientes. Todo lo contrario. Una visión planetaría de las cosas, nos demanda depender más, nos demanda desarrollar dependability.

 

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