Las carreras universitarias y el futuro que elegimos

Hace algún tiempo me tocó participar de una jornada para chicos del secundario, donde se hablaron temas referentes a su próximo paso por la universidad y el futuro profesional. El panel estaba integrado por unas cuatro personas y yo.

 

Por la silla que elegí, me tocó tomar mis minutos de exposición casi al último, así es que hasta que llegó mi turno me dispuse a escuchar a “mis colegas profesionales con títulos de grado”. En general compartieron dos ideas que tomé con mucha atención y algo de espanto.

 

La primera de ellas podría resumirse en que: elegir una carrera universitaria supone elegir el trabajo al que te dedicarás el resto de tu vida.  Subrayo la parte de la  frase porque se dijo varias veces con una connotación agregada de algo pesado, largo y a veces cansador.

 

La segunda idea más consensuada radicaba en la importancia de la “salida laboral” que la carrera a elegir tuviera. Y es que parece que de nada sirve ir a la universidad si es para estudiar algo de lo que después no se consiga trabajo.

 

Me sentí Zaratustra en sus mejores épocas, con ganas de decir al menos la palabra “idiotas!”. No lo hice, está claro, pero mis ideas estaban algo alejadas de estas que se venían escuchando y tenía derecho a compartirlas como ahora lo hago en este espacio.


Mis dos ideas respecto a la Universidad que todo estudiante podría tener en cuenta al elegir una carrera de grado:

Lentes

Lo que estudies dejará de existir.

Aquí alguien salta y dice “medicina bla bla bla”. Es cierto, ni medicina, ni arquitectura ni abogacia, ni etc etc etc.  pero lo cierto es que el estudio de bibliotecas fuera de las clásicas es cada vez más habitual. Y al tratarse de temas más actuales y modernos, tienen en esencia dos componentes. Primero son dinámicas es decir cambiantes, en transformación, revisión y construcción constante.

Segundo, tienen una pronta obsolescencia. Serán estudios y habilidades descartadas en breve. En mis ámbitos laborales, la comprensión de los temas hace que las personas los resuelvan y dispongan de sus potenciales para nuevas situaciones y desafíos. Así que eso que elijas, no va a ser lo que hagas “el resto de tu vida”. De hecho, tal vez deberías desconfiar de “el puesto laboral” para el que las universidades te preparan porque puede que para cuando te recibas ya no exista.

 

Lo que estudies siempre conseguirá trabajo

En condiciones de mercado normales, cualquier universitario consigue trabajo. Mejor o peor pago, pero nunca pasará hambre si ese es el temor de sus padres (y de mis colegas universitarios con títulos de grado). El punto no está entonces en la salida laboral. Lo que necesitamos no son personas con el potencial de conseguir trabajo, sino de crearlo.

 

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