A.G.I. Artefacto Global de Identidad

La semana pasada conversé con @saranasi acerca de las reformas al Código Civil que por estos días impulsa el ejecutivo en Argentina. Sarita Nasi estaba escribiendo una nota en La Voz sobre la propuesta que busca ser ley y que modifica la asignación de los apellidos, siendo la madre ahora también la que tendrá la posibilidad de transferirlo a su hijo.


No es mi intención usar este post para profundizar la nota de mi amiga, sino más bien para exponer algunas ideas respecto de la identidad y de los artefactos que construimos para materializarla.


Hoy por hoy, siento que estos sistemas de identidad de personas han quedado algo viejos, basados en estructuras que, creo, demandan ser repensadas y agiornadas. Y el primer punto que pondría a revisar es que la base de los sistemas de identidad, que se podrían, incurriendo seguramente en errores de simplificación, resumir en: nombre y apellido, huella dactilar y DNI, más que de identidad, según los veo, son de identificación; el DNI, por ejemplo, bien podría llamarse NNI “Número Nacional de Identificación”.


Aquí otro aspecto que podemos revisar respecto a la identidad de las personas: su nombre y apellido. Aquello que mas identifica a las personas se basa en el historial pasado de la misma, no en el presente y menos en el futuro. Me resulta increíble que el titulo principal de mi persona tenga más que ver con los gustos de mis padres (quienes eligieron el nombre), y el apellido que proviene de mi árbol genealógico que de una visión personal y propia de lo que soy y seré. Entiendo que existen mecanismos algo burocráticos para cambiar un nombre ya aplicado, pero es la lógica que los aplica la que debería revisarse.


Pensar que el DNI es un NNI, deja a la luz la real necesidad de construir un artefacto que no se enfoque en ejecutar una identificación, sino en construir identidad. Y es que aquellos factores que los gobiernos creen que dan identidad a las personas, no se aplica en mí, y tal vez no se aplique en muchos. En cierto modo, mis antepasados no me definen. El lugar donde nací tampoco. Mi huella dactilar menos aún. Y son aquellas las cosas que los sistemas de identidad valoran.


Supongo que deberíamos pensar un nuevo tipo de artefacto que reemplace al viejo concepto de documento. Que reúna, resuma y haga visual aquello que realmente estamos siendo. Este artefacto ya podría no tener las restricciones de las naciones y limites territoriales para convertirse en algo planetario, de la humanidad, basado en conocimiento libre. Un enfoque planetario que permita “mencionarnos” como en twitter sea donde sea que la conversación exista.

Ipad


El AGI (Artefacto Global de Identidad) debe estar en la nube. Ser válido en todas las ubicaciones. Debe servirnos para mostrarnos donde estemos y donde no; y de espejo, para vernos a nosotros mismos. Puede convertirse en una especie de brújula que aunque no diga adónde

llegaremos, nos marque la orientación que llevamos.

 


El AGI debe contener un historial, pero lo imagino sólo a modo de respaldo. Sus recursos deben concentrarse en el futuro y en lo que cada individuo proyecta. El desafío es más que unir a la electrónica y los bits con el componente social. Se trata de hayar el modo de que la sociedad exprese y represente visualmente aquello a lo que aspira. Si la inteligencia artificial contemporánea se enfoca en imitar el funcionamiento lógico del cerebro humano, aquí la ubicuidad deberá resolver los aspectos cognitivos del arte y los sueños.


Tal vez así, las personas del mundo puedan empezar a definirse por lo que son y van a hacer, y no sólo por lo que hicieron. Y tal vez así, si de verdad este artefacto nos permite construir nuestra identidad, las sociedades del mundo puedan definirse por aquello que de verdad las mueve y hace crecer: lo que creen e imaginan sus miembros.

 

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